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En la publicación Directe!Cat sale hoy un comentario en catalán sobre el libro La cara oculta de la luna. Las 50 portadas esenciales del rock de Xavier Valiño, escrito por Ramón Moreno .

Este es un extracto de su texto en castellano:

“…un volumen con información imprescindible del proceso creativo de las portadas y cientos de fotografías e imágenes que nos ayudan a entender la importancia de la imagen en el mundo del rock y que repasa la estética de las portadas de los discos de esta religión llamada rock”.

 

Este es su texto íntegro en castellano:

Todos tenemos en mente un montón de imágenes que relacionamos con la música. Son, en muchos casos, imágenes provenientes de carátulas de discos que a veces tenemos más presentes que la misma música que la acompaña. La imagen de Paul Simonon estrellando el bajo contra el escenario nos remite al mítico London Calling de los Clash (que a la vez nos recuerda un juvenil Elvis Presley marcando el camino del rock en su disco de 1956); o aquel prisma que distorsiona la luz y la convierte en un arco iris del Dark Side Of The Moon de Pink Floyd; o, aún, las imágenes evocadoras apelando directamente a nuestra sensibildad los discos de los Smiths; o, si se quiere, las letras confeccionando un inmortal collage de Jamie Reid para el disco de los Sex Pistols …

Música y arte, una relación intensa

Y es que la relación entre música y arte ha sido frecuente y profunda. Las carátulas de los discos se convirtieron en un escaparate de creatividad, frecuentado por artistas de todo tipo. El elepé se convirtió en una pequeña obra de arte, que iba más allá del contenido musical. Música y arte en perfecta sincronía: a partir del punto que en 1939 el joven grafista Alex Steinweiss decide envolver los discos de la discográfica Columbia con una funda ilustrada, arte y música (jazz primero, como música hegemónica en aquellas décadas, más tarde el rock) han ido de la mano hasta nuestros días.

Los años dorados de la plástica musical son objeto del último libro de Xavier Valiño, La cara oculta de la luna. Las 50 portadas esenciales del rock, un volumen con información imprescindible del proceso creativo de las portadas y cientos de fotografías e imágenes que nos ayudan a entender la importancia de la imagen en el mundo del rock y que repasa la estética de las portadas de los discos de esta religión llamada rock.

De Elvis Presley en la música del siglo XXI

El libro arranca con Elvis Presley, y su disco homónimo de 1956, año 0 del invento. Con la preeminencia del LP como soporte fonográfico, los 31 x 31 centímetros de las portadas se convirtieron en un soporte más donde meter la creatividad y ejercitar experimentaciones diversas, más allá de su función de reclamo comercial. Aunque no necesariamente las cubiertas debían reflejar el contenido musical que había en las canciones del disco, muchos artistas vincularon su imagen a la ilustración de portada, hasta el punto que en muchos casos ambos han quedado manifiestamente unidos por la posteridad: si pensamos con los Beatles se nos representa el collage psicodélico de Peter Blake y Jann Haworth para el Sgt. Pepper ‘s, la Velvet Underground es el plátano diseñado por Andy Warhol, y Robert Crump es un ilustrador venerado por el universo rock gracias a su portada para Big Brother & The Holding Company; así como el nombre de Mati Klarwein, vecino de Deià, está asociado a Carlos Santana y Miles Davis. Sin embargo los nombres de Roger Dean, Martin Sharp, o Rick Griffin, son indisociables de la música de Yes, Cream o Grateful Dead. Y es que los sesenta serían la época del «pop visual», que diría el crítico de arte George Melly. Es la época gloriosa del diseño de portadas, una época en que la relación entre los dos mundos, entre músicos y artistas, era íntima.

La cuestión inicia un lento pero constante proceso de separación a partir de mediados de la década de los setenta, con la crisis económica mundial, que limita los presupuestos y la creatividad musical. Finalmente llega el disco compacto y la cosa se difumina: el espacio menguante de la caja de plástico no permite florituras y los caminos del arte y de música se separan irreversiblemente.

Ramon Moreno
@ RamonMoreno1967″

 

Aquí se puede leer el texto en su versión original

 

Y aquí el pdf
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